Morena y sus enemigos internos
Dicen los que Saben que en política no hay peor enemigo que los propios aliados.
Y eso parece estar quedándole claro —quizá demasiado tarde— a la dirigente estatal de Morena, Olga Romero Garci-Crespo, quien enfrenta un problema interno: perfiles que lejos de sumar, restan.
Funcionarios que parecen seguir atrapados en aquella vieja lógica priista donde todo escándalo era pasajero.
Y en el camino parecen haber olvidado la esencia que tanto presume el movimiento: no mentir, no robar y no traicionar.
Ahí está el caso del presidente municipal de Chignahuapan, Juan Rivera, señalado tras una polémica fiesta de XV años y por videos que han generado ruido en la Sierra Norte.
Sí, cada quien puede celebrar como quiera.
Pero cuando se representa a un movimiento que presume austeridad y cercanía con la gente, las formas importan. Y mucho.
Otro caso es el de Natalia Suárez del Real, delegada de Bienestar, quien también ha estado en el ojo público por celebraciones ostentosas, entrevistas polémicas y asuntos personales que han generado desgaste innecesario para Morena.
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